Soledad y yo nos hemos dado cita en Sushi Shop… Un bar de sushis, que queda a mitad de camino entre su
casa y la mía. Mi reciente cumpleaños es la excusa que ha encontrado para engreírme.
Rápidamente antes de entrar, me sorprende con una pequeña bolsa
de tela rosada adornada con un moño negro y una tarjetita. Yo la
abro un poco avergonzada, porque siempre me avergüenzan un poco los regalos aun
los que llegan con una razón. Al abrirlo descubro un perfume! … Y en ese preciso
momento siento el aire del mediodía llenarse de ternura.
De sushis conozco poco e incluso con
anteojos debo esforzarme para comprender los menús escritos con esas
letras TAN PEQUENAS! Es entonces cuando Soledad me salva, sugiriendo un tipo de
sushis que ella ya conoce: los Lyons (leones).
Conversando apasionadamente a borbotones, nos sentamos una junto a la otra frente a nuestros platos llamativos.
Amigas de larga data, nos conocimos en
Argentina, en casa de sus padres. En aquella época, ni se nos hubiera ocurrido pensar
que nuestro destino nos reuniría
nuevamente en tierras canadienses. Soledad forma parte de mi gran
familia adoptiva. Esa familia numerosa que abrazamos por cariño, afinidad o accidente.
Cosa común entre inmigrantes son esos fuertes lazos que tejemos y que heredan incluso nuestros hijos, que terminan adoptando
primos y llamándonos tíos.
Yo admiro a Soledad. En particular por
su historia llena de sucesos profesionales frutos de su vocación y dedicación.
Esta doctora en psicología, especialista en el tratamiento del choque
post-traumático, subió para nunca más bajar de los cuadros de honor y
excelencia.
Pero hoy estoy ansiosa por saber cómo
avanza su nueva aventura: la de retomar la práctica privada. La evolución de
este gran cambio me llena de curiosidad… Porque cambiar, dar un gran salto es
algo que muchos sueñan pero que pocos se animan a concretar. He aquí una nueva razón
para admirarla!
Como dos adolescentes, me dejo contagiar
por esa energía juvenil cuando me cuenta con entusiasmo sobre su nuevo
consultorio y sus proyectos.
- Las cosas se organizan bien y rápidamente. Me comenta con la convicción de
tener todo sobre ruedas muy pronto.
En el plano personal, este cambio le permitirá
vivir a un ritmo más harmonioso con sus necesidades actuales.
- Voy a poder planificar mejor mis
actividades con los chicos y retomar mis cursos de arte. Me dice con una
gran sonrisa y brillo en los ojos.
Conociéndola, estoy segura que todo
esto la hará feliz… En cuanto a los sushis, el nombre les va muy bien!
Decorados con una maraña de fideítos de batata frita, bien enredados, me hacen
pensar a leoncitos despeinados.
Nuestra conversación también ha sido un poco como esa crin enredada, un pequeño
revoltijo de temas pero deliciosa y crocante.
Nos despedimos con la promesa de retomar todos esos
temas que quedaron en el tintero. El tiempo vuela tan rápido cuando la pasamos
bien con los amigos…
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